miércoles, 3 de junio de 2020

UN MUNDO QUE CAMBIA-2







   La primera vez que oí hablar de derechas e izquierdas tenía 14 años. Aquel día de clase primaveral no era uno más, aunque yo no lo sabía. Don Miguel Ángel, el director del colegio, con aire de solemnidad y fumando como de costumbre esperó hasta que estuvimos todos sentados y en absoluto silencio para presentarnos a una joven profesora de pelo castaño muy largo y muy fino que nos daría unas clases sobre política, según dijo. Al parecer no contaban con que se muriera Franco y nuestros libros del último curso no contenía nada al respecto. Se puso hablar sobre democracia y a los veinte minutos aproximadamente se calló y, por nuestra cara, debió adivinar que la clase no iba bien. La mayoría de los que allí estábamos, casi cuarenta alumnos, no teníamos ni idea de lo que estaba intentando explicar. De pronto nos animó a que preguntásemos y, casi al final de aquella primera clase, levanté tímidamente la mano y le dije que lo de derechas e izquierdas no lo entendía. Hizo una linea en la pizarra marcó tres puntos y explicó que el punto del medio era el centro y los puntos de los extremos eran la izquierda y la derecha. Me quedé como estaba, pero hice otra pregunta: ¿cómo saber a qué punto se pertenece? Y ella hizo una serie de preguntas: ¿vuestros padres cobran un sueldo? Sí, contestaron todos al unisono ¿Sois millonarios o algo así? Noooo. Entonces…, sois de izquierdas, sentenció. Sonó el timbre y cambiamos de clase. Aquella tarde no dejé de pensar en ello y a la hora de la cena pregunté a mis padres si eramos de izquierdas como decretó la joven profesora. Mi madre dijo que tendría que buscar un empleo cuando acabara el curso y que esa era la única política que tenía que preocuparme. Mi padre se quedó callado, serio y pensativo, hacía pocos meses que Franco había muerto y todo andaba muy confuso en España y, además, recordé que nunca se hablaba de política en mi casa, y cuando ya no esperaba una respuesta sobre el asunto, dijo: “nosotros no somos, sólo estamos, y soportamos a los que dicen que son”. Jamás comprendí esas palabras, pero ahora, más que nunca, empiezo a entenderlas. Aquel día por primera vez me encasillaron por el continente y no por el contenido y sería el último, porque hasta el día de hoy sólo asumo la etiqueta que la naturaleza me otorga: “niña, hija, joven, mujer, madre, abuela, vieja...”, todo lo demás cambia en éste mundo, pero eso…, no.

Y por esa razón “Un Mundo que Cambia”, la última publicación de Cesar Vidal y que recomiendo, me reconforta y amplía mi conocimiento sobre el paisaje político y, como él dice, “el paisanaje”. Y desde luego, la lucidez con la que expresa e informa sobre cómo nacieron las derechas e izquierdas me parece bastante más clara y verdadera que la de aquel día de primavera de 1976. Tal división, nos dice Don César Vidal ”Surge durante la Revolución francesa y que deriva del hecho en que, en un momento determinado, los representantes de la Asamblea Nacional, que luego se convertirá en Convención Nacional, se sientan a un lado u otro del presidente de la asamblea. En el lado de la derecha se sentaban los más moderados (girondinos) por lo que se fue asociando con posiciones más conservadoras, incluso, retrógradas, mientras que los representantes del pueblo más extremistas, incluso, revolucionarios (jacobinos) se sentaban en el lado de la izquierda. Fue totalmente accidental, si se hubieran sentado al contrario, hoy la derecha sería la izquierda y viceversa.”.

Tienen mis ojos el honor de haber leído siete de los veintiún capítulos de Un Mundo Que Cambia y quiero compartir con vosotros todas mis impresiones y algunos párrafos del libro comenzando por el Prólogo que me ha parecido muy interesante como podréis comprobar:



El 26 de diciembre de 1991, tuvo lugar un hecho de extraordinaria importancia en la Historia universal. Se trató de la disolución de la Unión Soviética

A pesar de la red de campos de concentración, de la ausencia de libertades, de la injusticia de una clase dominante de funcionarios del partido y del atraso comparativo en términos económicos, nadie esperaba la desaparición de la dictadura soviética y ese nadie incluía de manera especial a la izquierda mundial tanto socialistas como comunista”

No puede sorprender que Francis Fukuyama se lanzara a anunciar el fin de la Historia, un final que además implicaba la consagración, a la vez, del sistema capitalista y de la democracia”
Sin embargo, es que, como quien escribe estas líneas advirtió en aquellos momentos, no hubo fin de la Historia. No lo hubo porque la Historia nunca concluye sino que siempre sigue”
Pretender comprender el presente con los paradigmas de la Guerra Fría — incluso en buena medida con los de izquierdas y derechas —constituye una equivocación gravísima de consecuencias más que perjudiciales”
En la primera parte de la presente obra, contemplaremos un análisis de la democracia como un régimen reciente y no pocas veces concluido con fracaso y también nos detendremos en los peligros que ahora amenazan su supervivencia.
La segunda parte está dedicada a la agenda globalista como verdadera amenaza que pretende acabar con la soberanía nacional, las competencias de los estados y el propio sistema democrático.
La tercera parte, finalmente, traza un panorama mundial de cómo ya se perciben reacciones frente a esa agenda globalista aunque no todas ellas conducen a un futuro de libertad y, ciertamente,
el género humano corre un riesgo cierto y real de verse sometido a sistemas totalitarios de distinto tipo”
Vivimos en una época decisiva de la Historia, entre otras causas, porque están en juego no solo la expansión del sistema democrático, sino su consolidación en buen número de naciones e incluso su supervivencia en otras como incluso los mismos Estados Unidos”
Estados Unidos es una tierra históricamente caracterizada por basarse en la libertad y porque creo de manera rotunda en la definición que de ella dio Lincoln como -la última esperanza de la tierra.. y por eso escribo este libro”
En la medida en que Estados Unidos continúe siendo fiel a la cosmovisión que sentó sus bases incluso antes de su fundación, habrá una esperanza de libertad y prosperidad para el resto del globo. Si, por el contrario, la batalla por la libertad se pierde en suelo americano, el futuro del planeta será, ineludiblemente, aciago”

Todo un “aviso a navegantes” y un placer que no podemos perdernos y que deseo que os interese leer en su totalidad tanto como a mí.
Un abrazo.



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