domingo, 15 de noviembre de 2009

Y LA NOCHE LLEGÓ...


















La noche llegó y con ella… la poesía.
De camino al Candy Warhol (el pasado jueves, día 5) las emociones se disparaban en mi interior. No sé qué me asustaba más: que hubiera mucha gente o que no hubiera nadie. Casi mejor no pensar,-me decía a mi misma- y miraba a mi compañero poético: José Antonio Conde, como el que mira a su destino de reojo. Yo intentaba frenar el pánico escénico que amenazaba con atraparme. Su mirada tranquila era mi guía, mi salvación y mi suerte.

Pero todo indicio de inseguridad o miedo desaparecieron en el mismo instante que traspasé con él las puertas del Candy. Allí estaban Nacho y Fernando Frisa. Sus sonrisas eran un poema abierto y lleno de encanto. Fernando es una ilusión por descubrir y una alegría constante en el corazón. Me encanta Fernando. Después de tal recibimiento sólo quedaba una cosa por hacer: tragarse los nervios. Todos ellos, con la ayuda de una refrescante cervecita con gas. Y después a esperar a que se animara un poco la noche con la llegada del personal amigo. Algunos como Octavio Gómez Milían, Pablo Lópiz y su guapísima compañera, José Antonio Melendo, rodeado por sus poderosas cámaras, ya estaban allí, aún cuando el cansancio por el ajetreo diario, hacían mella en la parte anterior y posterior del hipotálamo, pero allí estaban dándonos un abrazo amigo a pesar de las horas trabajadas y las que quedaban por trabajar. Había más rostros conocidos, pero de los que no estoy segura de sus nombres, por supuesto, a todos ellos les doy desde aquí las gracias. Poco después llegó Miguel Ángel Yusta con su sombrero a lo Humphrey Bogard y su afrancesado encanto. La sonrisa de Miguel Ángel es una fiesta constante y viajera.

Entonces aparecieron por el Candy Warhol gran parte de mis compañeros de curso -muchas gracias, chicos-. Fue fascinante verles allí y contemplar como el ambiente se fue alborotando con sus alegrías, sus besos, sus abrazos… y su alocada y confortable compañía.
Y todo comenzó, ante el micrófono, con las palabras de presentación que nuestro querido Miguel Ángel Yusta dirigió hacia José Antonio Conde y hacia mi. Palabras enriquecidas por el cariño, pero llenas de sinceridad poética.
Y la verdadera protagonista de la noche hizo acto de presencia…, LA POESÍA. Así, con letras grandes.
José Antonio Conde nos mostró sus esculpidos poemas. Verdaderas obras de arte con forma lingüística. Porque cada verso suyo es escultura en sus manos. Sabiduría viva entre sus labios.
Al término de la noche Fernando Frisa tuvo palabras de agradecimiento y cariño hacia José Antonio y hacia mí y, ambos, guardaban una sorpresa para mí, un inesperado detalle, tan difícil de olvidar como de igualar: José Antonio me dedicó uno de sus aforismos y Fernando el principio de la letra de una canción suya. No sé muy bien si merezco tanto cariño, pero podéis imaginaos cómo me sentí y el esfuerzo que tuve que hacer para no acabar la noche entre lágrimas.
Sólo puedo y quiero decir que me sentí a gusto, me sentí en familia, me sentí querida y afortunada por compartir una noche poética e intensa en emociones junto a todos ellos… mis amigos, los que pudieron asistir, y los que asistieron, –estoy segura de ello- desde puntos más lejanos, pero todos, absolutamente todos, estuvieron esa noche conmigo…, en la fiesta de mi corazón.
Fui feliz y no se puede pedir más, bueno, sí, que a todos..., nuestros poemas y presencia, os hicieran igual de felices que a nosotros... o más.

Ahí arriba os dejo unas fotos de la noche que José Antonio Melendo, apreciado amigo y el mejor fotógrafo en miles de kilómetros, inmortalizó con su cámara y su especial mirada.

Gracias y besos mil... a todos.

4 comentarios:

Dana Andrews dijo...

Nos hicisteis pasar una noche mágica. Una velada realmente agradables. Mi enhorabuena por los poemas con los que regalasteis nuestros oídos.

entrenomadas dijo...

Por fin veo las fotos.
Me alegro mucho.
Un beso,

Marta

albalpha dijo...

Qué gusto!

Un beso

Alba

Doberka dijo...

Gracias mil a todos vosotros.

Besos